Casi resulta común sugerir un método pegagógico que han complicado hasta el punto de privilegiar la forma sobre el contenido, que la burocracia escolar aumenta el trabajo de los docentes más no la actividad de los estudiantes y que aún desde el marco teórico deben postularse lo contrario.
Los enfoques centrados en el constructivismo, las sucesivas formulaciones del currículo, las modas pedagógicas de dudosos resultados, las críticas permanentes conducen a una lectura de: TODO TIEMPO PASADO PARECE HABER SIDO MEJOR O AL MENOS, MÁS COHERENTE.
Pero debemos ser honestos ¿ es lícito dejarnos llevar por la nostalgia en materia educativa cuando no tenemos la posibilidad real de realizar comparaciones genuinas a trevés del tiempo?. Econtexto histórico es determinante, el mundo ha cambiado demasiado para pretender que: LA ESCUELA DEL PASADO SERÍA ADECUADA AL MUNDO EN QUE VIVIMOS. LA REFLEXIÓN SERÍA SI LA ESCUELA ACTUAL COMO INSTITUCIÓN ESTÁ O NO A LA ALTURA DE LO QUE HOY SE ESPERA DE ELLA.
En efecto, la escuela es un invento de la modernidad y hace rato que la modernidad es historia.
Antes se exigia lo memorístico, ahora es necesario no sólo comprender sino producir textos y que los estudiantes sean originales y creativos. Antes bastaba con resolver cuentas de forma mecánica, ahora los studiantes deben crear sitaciones y resolverlas de forma autónoma, para demostrar su competencia en matemáticas.
Antes la escuela privilegiaba a los que cumplian las normas y seleccionaba a sus estudiantes, su permanencia dependía de su rendimiento académico disciplinario y de conducta, hoy todos deben permanecer en el sistema, independientemente de su calidad y cantidad, no se puede seleccionar por que se está violando el derecho a la educación, los procesos disciplinarios son ineficaces, por cuanto la ley de infancia otorga cantidad de beneficios que impiden aplicar correctivos tanto a padres de familia como a las autoridades. ¿Es posible calidad y cantidad simultáneamente?
